sábado, 16 de octubre de 2010

PAISAJES DE ACUARELA

Durante el pasado mes de agosto, un amigo, Antonio Conejero, acuarelista afincado en Castrillo de los Polvazares, presentó en la capilla de Astorga una hermosa colección de alrededor de 30 acuarelas, para las que realicé una serie de poemas que acompañó cada una de las obras presentadas. Estas cuatro son un ejemplo de lo que a mí me inspiraron en su momento cada una de estas imágenes, algunas de ellas muy cercanas a mis propios paisajes, infantiles y adultos también.




Calló el susurro de la pluma
deslizando sus negras huellas
sobre la inmaculada tez del papel.
Callaron las palabras
y se perdieron los versos
entre la floresta descuidada
del jardín olvidado,
de la fuente para la sed perdida,
del mirador abandonado en las horas del ocaso.
Callaron para siempre
¿o tal vez quedaron sólo en el letargo?





Lejos han quedado los días
de henos, de trigos y de vides.
Ya no suenan al rodar
las jóvenes risas de los mozos
buscando ansiosos de las mozas el abrazo.
No chirrían los ejes
ni sujetan su carga los varales.
Hoy se ha quedado prendido el cielo
en la quietud del patio empedrado
mientras un arco iris de flores
se derrama en frágil y aromática carga
sobre un viejo carro carcomido.


Grita el mar enloquecido

levantando muros de espuma

más impenetrables que la más recia

pared de piedra.

Y se torna en muerte lo que es vida,

profundo lamento

la fuente de las risas.











Volviste tu mirada triste

a la ciudad dormida en esa hora

en que esboza el sol su sonrisa primera.

Mientras, pesaroso sacudías de ella

hasta el polvo que impregnaba tus sandalias.

Hoy, desde el lugar que rememora tu partida

se detienen otros rostros, otras vidas,

buscando el final de otra etapa en su camino.

Y en las horas vespertinas en que mágico se recorta

el perfil lejano del Teleno,

en que se alzan entre sombras las antiguas torres de la Seo,

todo parece encontrarse andado en otro tiempo.

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